En Animals, el thriller político que dirigió y que llegará a Netflix el 9 de octubre de 2026, Ben Affleck recurrió a la inteligencia artificial para varios aspectos de la producción. El actor y cineasta reconoce este uso, aunque precisa que la tecnología no puede, por sí sola, concebir una película capaz de conmover al público. Compara su papel con el de una herramienta creativa integrada en los métodos de trabajo del cine.
Ben Affleck confirmó que recurrió a la inteligencia artificial durante el rodaje de Animals, en una conversación organizada por Bloomberg. La película, protagonizada, entre otros, por Kerry Washington, Gillian Anderson y Steven Yeun, llegará a Netflix el 9 de octubre. Sin embargo, el director no detalló las escenas ni las operaciones concretas en las que contribuyeron estas herramientas.
Explicó que la IA se había utilizado para varias tareas, pero que dudaba a la hora de hablar de ellas en detalle. Según él, el cine se basa en parte en la creación de una ilusión de realidad: revelar los mecanismos empleados para producir esa ilusión podría cambiar la forma de percibirla. Comparó esa transparencia con la de un espectáculo de magia cuyo prestidigitador desvelara algunos secretos antes incluso de empezar.
Esta cautela no significa que el cineasta quiera ocultar el uso de la tecnología. Affleck reconoce que la utiliza, pero señala que revelar los detalles puede desviar la atención de la experiencia de la película. Presenta Animals como una historia profundamente humana, para la que la IA fue un medio técnico y no un sustituto de la escritura, la dirección o la interpretación de los actores.
Una herramienta de producción, no una máquina que hace una película por sí sola
Ben Affleck también quiso matizar la idea de que los avances de la IA pronto permitirían a cualquiera describir una historia a una máquina y obtener, en cuestión de instantes, un largometraje terminado. A su juicio, esa perspectiva no se corresponde con las capacidades actuales de la tecnología, y no cree que los cineastas puedan limitarse próximamente a formular una petición para producir una película que el público quiera ver.
Esta distinción es importante en un sector donde las herramientas generativas suscitan debates sobre el lugar de los artistas, la protección de su trabajo y el futuro de numerosos oficios. La aparición de Tilly Norwood, presentada como una actriz generada íntegramente por IA, ha alimentado especialmente la preocupación de una parte del sector. Por su parte, Affleck defiende un enfoque más acotado: la IA puede participar en algunas etapas sin reemplazar el conjunto de habilidades necesarias para crear una película.
Una tecnología que el director sitúa en la historia del cine
Para Affleck, la inteligencia artificial es una evolución informática más, entre otras transformaciones técnicas que han marcado el cine y la televisión. Su punto de vista sitúa estas herramientas en una historia más amplia, en la que las nuevas tecnologías modifican los métodos de rodaje, montaje y posproducción sin hacer desaparecer por ello la dimensión humana de la creación.
Esta visión se enmarca en un contexto en el que la IA también es una cuestión económica y geopolítica, mucho más allá de los platós de rodaje. Las rivalidades internacionales en torno a estas tecnologías se abordan, en particular, en este artículo sobre la IA como nuevo terreno de enfrentamiento entre las grandes potencias: las relaciones de poder internacionales en torno a la inteligencia artificial.
InterPositive, un proyecto dedicado a las herramientas de posproducción
La postura de Ben Affleck no surge de la nada. En 2022 fundó InterPositive, una start-up que desarrolla herramientas para ayudar a los equipos técnicos durante la posproducción. El objetivo declarado era ayudar a los profesionales del cine en su trabajo, en lugar de sustituir el proceso creativo por una producción totalmente automatizada.
Netflix compró posteriormente la empresa por una suma de 587 millones de dólares, unos 520 millones de euros. Esta operación arroja una luz particular sobre las declaraciones del director: su interés por los usos de la IA en el cine responde tanto a su experiencia como cineasta como a su implicación en el desarrollo de soluciones técnicas para la industria.
La posproducción es uno de los ámbitos en los que las herramientas digitales pueden intervenir en tareas diversas, según las necesidades de cada equipo. Affleck no ha especificado qué funciones de InterPositive se utilizaron para Animals, ni ha indicado cómo se integró la IA en el trabajo de la película. Por lo tanto, resulta difícil evaluar concretamente el alcance de su contribución basándose únicamente en sus declaraciones.
Inversiones que revelan la importancia estratégica del sector
Las empresas especializadas en inteligencia artificial atraen inversiones considerables, tanto si trabajan para las industrias creativas como para las infraestructuras informáticas. Las ambiciones financieras del sector también se reflejan en el anuncio de una inversión de varios miles de millones de dólares por parte de Cerebras, un competidor estadounidense de Nvidia: los planes de Cerebras frente al peso de Nvidia.
Esta carrera tecnológica no se limita a Estados Unidos. El debate también gira en torno a cómo distintas regiones pueden desarrollar sus propias capacidades e integrar la IA en sus economías. Otro artículo analiza la relación entre la inteligencia artificial y la informática india, y presenta los posibles cambios como una evolución, en lugar de como la simple desaparición de las actividades existentes: la IA y los cambios en el sector informático de la India.
La historia humana en el centro de un thriller político
Animals transcurre en Los Ángeles y gira en torno al secuestro del hijo de un candidato a la alcaldía, interpretado por Ben Affleck. El personaje y su esposa, interpretada por Kerry Washington, intentan encontrar al niño. La historia se basa, por tanto, en una situación familiar de alto riesgo, enmarcada en un entorno político y urbano.
El reparto también incluye a Gillian Anderson y Steven Yeun. Al describir la película como una obra muy humana, Affleck destaca el contraste entre el tema dramático del largometraje y los procedimientos técnicos empleados en su producción. Según sus explicaciones, la IA participa en algunas etapas de la producción, mientras que la historia sigue construyéndose en torno a personajes, relaciones y decisiones humanas.
El cineasta no ha revelado en qué momento concreto interviene la inteligencia artificial en la película. La falta de detalles deja abiertas varias preguntas sobre la naturaleza del trabajo realizado con estas herramientas. También evita reducir el debate a una sola escena o a un efecto visual, cuando el uso de la IA puede abarcar distintas operaciones entre bastidores.
Un debate que va más allá de los platós de cine
El uso de la IA por parte de los estudios y los equipos de producción forma parte de un debate más amplio sobre sus consecuencias. Entre las principales preocupaciones figuran las condiciones laborales, el lugar de los creadores y el control de los recursos necesarios para desarrollar estas tecnologías. En Estados Unidos, las protestas ciudadanas contra la construcción de centros de datos ilustran otra faceta del debate: la movilización contra los centros de datos.
La cuestión de la regulación y las capacidades públicas también se plantea en el ámbito europeo, donde nuevas iniciativas buscan reforzar los recursos disponibles en el campo de la inteligencia artificial. Este contexto ayuda a entender por qué se siguen con atención las declaraciones de figuras como Ben Affleck: afectan tanto a las prácticas de un sector cultural como a una transformación tecnológica de gran alcance. Las nuevas capacidades en materia de IA que despliega la Unión Europea ofrecen una perspectiva de estos desafíos a escala institucional.
Con Animals, Ben Affleck no presenta, por tanto, la inteligencia artificial como una solución capaz de producir una película íntegramente sin intervención humana. Más bien, la describe como una herramienta utilizada en varios aspectos del trabajo de dirección, cuyos mecanismos prefiere no detallar para preservar la ilusión propia del cine. Su postura distingue entre integrar nuevas tecnologías en una producción y confiar por completo la creación a una máquina.







