Las manifestaciones ciudadanas se multiplican en Estados Unidos contra la implantación de centros de datos dedicados a la inteligencia artificial. El movimiento, orquestado por la organización conservadora Humans First, encarna una voluntad colectiva de cuestionar los impactos potenciales de estas infraestructuras en el paisaje urbano, el medio ambiente y la vida cotidiana de los habitantes. Esta oposición trasciende las divisiones políticas habituales y se convierte en un fenómeno nacional, revelando preocupaciones crecientes ante la expansión de la IA en el país.
Una movilización en todo el territorio
Este sábado 18 de julio, se prevén decenas de manifestaciones en más de 37 estados, con una concentración notable en Texas, Florida, California y Georgia. Se llama a los participantes a exigir a los elegidos locales y federales que frenen el desarrollo de los centros de datos, que consideran como una amenaza para «nuestras ciudades, nuestros presupuestos y nuestro modo de vida». Este movimiento de oposición gana en magnitud y comienza a tocar a una población diversa, reuniendo a personas con opiniones políticas variadas.
Números que hablan por sí mismos
Una encuesta realizada por Reuters/Ipsos revela que menos de un tercio de los estadounidenses apoyan el ritmo actual de construcción de centros de datos. Aún más alarmante, solo el 14 % de los ciudadanos aceptarían acoger un centro de datos en su propia comunidad. Estas estadísticas testimonian una real desconfianza entre la población respecto a la expansión de las infraestructuras de IA, mientras que cada vez más voces se alzan para expresar sus preocupaciones.
El caso emblemático de Michigan
El municipio de Saline Township en Michigan se ha convertido en un símbolo central de esta protesta. Un proyecto de centro de datos valorado en 16 mil millones de dólares, apoyado por gigantes como Oracle y OpenAI, es la causa de una fuerte movilización de los habitantes. Llamado «The Barn», este ambicioso proyecto debería cubrir casi 100 hectáreas, pero enfrenta una oposición creciente que frena su avance. Otros proyectos similares en el estado también han sido ralentizados o abandonados tras las presiones ejercidas por la comunidad.
La diversidad de preocupaciones
Las preocupaciones de los ciudadanos no se limitan a cuestiones medioambientales. Muchos perciben los centros de datos como el símbolo del auge de la inteligencia artificial y de los profundos cambios que podría engendrar. Las quejas de los vecinos tocan la fealdad de las grandes construcciones, al ruido incesante de los generadores, y a la amenaza que estas infraestructuras representan para los recursos hídricos. Encuestas indican incluso que algunos estadounidenses preferirían vivir cerca de una central nuclear en lugar de un centro de datos.
Un movimiento en evolución
Esta fuerte oposición a la implantación de los centros de datos ha desencadenado una ola de tensión social, ilustrada por una «resurrección de discursos violentos y amenazas», como destaca un artículo del Wall Street Journal. Mientras la dirección política del país, bajo la administración de Donald Trump, apostó por un desarrollo rápido de la IA como clave en la competencia tecnológica con China, la resistencia ciudadana impone una nueva dinámica.
Medidas gubernamentales en respuesta
Ante este aumento de tensiones, comienzan a tomarse medidas. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ha firmado un decreto suspendiendo temporalmente la construcción de nuevos centros de datos con una capacidad superior a 50 megavatios de electricidad, un hecho sin precedentes en el país. Este gesto ilustra la toma de conciencia sobre las implicaciones de la expansión de los centros de datos, mientras las preocupaciones de los ciudadanos se vuelven cada vez más difíciles de ignorar.
Consecuencias inmediatas
La movilización en curso ya comienza a tener repercusiones en la industria. En el primer trimestre de 2026, al menos veinte proyectos de centros de datos, totalizando inversiones de 42 mil millones de dólares y una capacidad eléctrica de 3,5 gigavatios, han sido abandonados ante la presión de la población. Este revés podría frenar una industria proyectada para experimentar un crecimiento explosivo, con inversiones globales en centros de datos dedicados a la IA que podrían alcanzar los 3 billones de dólares para 2030.







