Las herramientas digitales pueden ayudar a preparar una excursión, pero no sustituyen ni el conocimiento del terreno ni el juicio humano. Las rutas generadas por inteligencia artificial, los recorridos GPS seguidos sin comprobarlos y el contenido difundido en las redes sociales pueden llevar a los senderistas por pasos peligrosos. Para los equipos de rescate, estos usos complican la prevención y las intervenciones, a veces en condiciones que ya son difíciles.
Rutas digitales que no siempre conocen el terreno
Las aplicaciones de navegación y las herramientas de inteligencia artificial hacen que preparar una salida sea rápido y sencillo. En unos instantes, un senderista puede obtener una propuesta de recorrido, una duración estimada o un track que seguir. Pero estas indicaciones no siempre han sido verificadas por alguien que conozca la zona. Una ruta que se presenta como transitable puede atravesar en realidad un sector expuesto, seguir un camino deteriorado o llevar a un valle distinto del que se buscaba.
Un incidente ocurrido en los Pirineos ilustra estos límites: dos senderistas se extraviaron después de seguir un mapa elaborado con ayuda de ChatGPT, que las dirigía al valle equivocado. Este tipo de situación recuerda que una respuesta formulada con seguridad por una herramienta digital no es garantía de fiabilidad. Los datos disponibles pueden ser incompletos, imprecisos o interpretarse mal, mientras que las condiciones reales cambian según el tiempo, el estado de los senderos y las posibles obras u obstáculos.
Un mapa generado automáticamente también puede dar una falsa impresión de precisión. Una ruta dibujada en una pantalla parece fácil de seguir, pero no siempre refleja la pendiente, la dificultad técnica, la exposición ni las consecuencias de equivocarse de dirección. En la montaña, un desvío de unos cientos de metros puede bastar para dejar a una persona por encima de una pared rocosa o en una ruta inadecuada para su nivel.
Cuando el track GPS se impone al sentido común
El GPS permite orientarse, seguir el progreso y encontrar el camino de vuelta. Sin embargo, se vuelve arriesgado cuando se utiliza como una indicación que hay que seguir a toda costa. Un track guardado o sugerido por una aplicación no constituye una validación de la seguridad de la ruta. Puede proceder de otro usuario, ser antiguo o haberse creado sin tener en cuenta las dificultades del recorrido.
Un caso atendido por los equipos de rescate alpino muestra las posibles consecuencias de confiar ciegamente en un dispositivo. Un adolescente que circulaba en bicicleta de montaña por la noche siguió una indicación del GPS para reunirse con unos amigos. El track lo condujo hacia los acantilados situados sobre Lumbin y Crolles. Tuvo que abandonar la bicicleta y quedó atrapado cerca de un precipicio, bajo una lluvia intensa. Finalmente, los equipos de rescate lo evacuaron al amanecer en helicóptero, tras pasar la noche en una situación especialmente peligrosa.
Una ruta digital no siempre se adapta a la realidad del terreno. Si el camino desaparece, el relieve se vuelve demasiado escarpado o la visibilidad disminuye, continuar simplemente porque la pantalla indica esa dirección puede agravar el peligro. La posición que aparece en pantalla no informa, por sí sola, de si es posible avanzar ni de si hay cerca un paso peligroso.
Las redes sociales y la difusión de rutas espectaculares
Las redes sociales también contribuyen a transformar la manera de elegir y preparar las salidas. Las imágenes atractivas o los relatos de excursiones pueden despertar el deseo de llegar a un mirador, una cresta o una ruta poco frecuentada. Sin embargo, una publicación rara vez pone de relieve todas las condiciones: la experiencia necesaria, el equipo adecuado, las condiciones meteorológicas o la dificultad de acceso.
Presentar una salida en unas pocas fotos o vídeos también puede minimizar los riesgos. Un paso puede parecer fácil si se graba en buenas condiciones, pero volverse delicado con lluvia, viento, niebla o nieve. Quienes descubren la ruta a través de una pantalla no siempre cuentan con la información necesaria para evaluar lo que les espera allí.
La popularidad de una ruta en internet tampoco garantiza que sea segura. Un track que se comparte con frecuencia puede atraer a senderistas con capacidades y equipos muy distintos. Si una ruta no es adecuada para parte del grupo, las dificultades pueden surgir lejos del punto de partida, cuando dar la vuelta ya resulta complicado.
Intervenciones más difíciles para los equipos de rescate
Cuando una persona se pierde o queda atrapada, los equipos de rescate deben determinar rápidamente su posición, entender cómo ha llegado a esa situación y evaluar los peligros que la rodean. Un track digital erróneo o una ruta seguida fuera del sendero pueden enturbiar la información inicial. Las coordenadas transmitidas por un teléfono son útiles, pero no indican necesariamente cuál es el acceso más seguro ni cómo es el entorno inmediato de la persona.
El rescate en montaña también depende de las condiciones sobre el terreno. La oscuridad, las precipitaciones, el viento y el relieve pueden ralentizar la búsqueda y limitar los medios de intervención. Un error de ruta puede dar lugar a una operación larga que requiera la movilización de varios especialistas y, a veces, de medios aéreos. En algunos casos, los equipos de rescate deben localizar primero a la persona y luego elegir cómo evacuarla sin exponer aún más a las personas rescatadas ni a los intervinientes.
Aun así, las herramientas digitales proporcionan información valiosa. Una posición GPS, una ruta prevista o un mensaje enviado antes de perder la cobertura pueden ayudar a los equipos a orientar la búsqueda. El problema surge cuando estas indicaciones se consideran infalibles o cuando la persona ya no puede explicar qué ruta ha seguido ni qué observa a su alrededor.
Preparar la salida más allá de la pantalla
Una preparación prudente consiste en verificar la ruta consultando varias fuentes y tener en cuenta el propio nivel, la duración real de la salida y las condiciones previstas. Los mapas y las aplicaciones pueden servir de referencia, pero es importante asegurarse de que el camino sea adecuado y de que la ruta prevista corresponda realmente al terreno. Prever una alternativa y saber en qué puntos se puede dar la vuelta también ayuda a evitar continuar cuando el avance se ha vuelto arriesgado.
El teléfono puede perder la cobertura, quedarse sin batería o resultar difícil de usar bajo la lluvia o con frío. Llevar un mapa adecuado y saber leerlo permite no depender por completo de una pantalla. También es útil reservar suficiente batería para las comunicaciones importantes e informar a una persona de confianza de las principales etapas previstas, sobre todo si la salida presenta dificultades particulares.
Por último, las indicaciones digitales deben estar siempre subordinadas a la observación y al criterio propio. Si el terreno no coincide con el mapa, el paso parece demasiado difícil o las condiciones empeoran, no hay obligación de seguir un track de forma mecánica. En la montaña, renunciar a una ruta o cambiar los planes puede evitar una situación que requiera la intervención de los equipos de rescate.







