Ante el acoso, los niños confían cada vez más en la IA, una tendencia que preocupa: «Es limitante…»

face au harcèlement, de plus en plus d’enfants se confient à l’ia. une tendance préoccupante qui souligne les limites de ces outils face à leur détresse.

Ante el acoso, algunos niños buscan ahora apoyo en la inteligencia artificial. Según un barómetro dedicado a niños y jóvenes de 6 a 18 años, una de cada cuatro víctimas afirma haber recurrido a una IA para pedir ayuda, y la mayoría de quienes lo hicieron considera que les resultó útil. Este recurso puede ofrecer un primer espacio para expresarse, pero los psicólogos alertan del riesgo de que sustituya las conversaciones con adultos y refuerce el aislamiento.

Las herramientas de inteligencia artificial ya no sirven únicamente para buscar información o realizar una tarea escolar. Para algunos jóvenes que se enfrentan al acoso, también se convierten en un interlocutor al que confiar una preocupación, a veces difícil de compartir con un padre, un profesor u otro adulto de confianza.

El fenómeno se desprende de un barómetro de Caisse d’Épargne y de la asociación e-Enfance dedicado al acoso y al ciberacoso entre jóvenes de 6 a 18 años. Entre los niños víctimas encuestados, aproximadamente uno de cada cuatro afirma haber recurrido a una inteligencia artificial para obtener ayuda. De quienes lo intentaron, el 83 % considera que les resultó útil.

Este resultado pone de relieve la importancia que han adquirido estas herramientas en la vida cotidiana de los jóvenes, así como el lugar que pueden ocupar cuando cuesta expresarse. Una conversación con una IA puede parecer menos intimidante que un intercambio cara a cara: el niño escribe a su ritmo, elige lo que quiere contar y puede empezar con unas pocas palabras en lugar de revelar toda la situación de golpe.

Un primer espacio para expresarse, a veces más fácil de abordar

Los psicólogos constatan que algunos niños a los que atienden ya recurren a la IA para hablar de las dificultades que encuentran en la escuela. Por ejemplo, pueden escribir que no se encuentran bien porque un compañero ha vuelto a molestarlos. La herramienta puede responder entonces con palabras tranquilizadoras y recordar al niño que no es responsable de los actos que sufre.

La percepción de discreción desempeña un papel importante. Algunos jóvenes dudan en hablar del acoso por miedo a que repitan lo que han confiado, o porque temen las reacciones de los adultos. La IA les parece entonces accesible, disponible y menos intimidante. También les permite expresarse poco a poco, sin tener que explicarlo todo desde el principio.

Esta evolución se enmarca en un contexto en el que la IA se integra en distintas actividades de los jóvenes, especialmente en la escuela. Otro artículo dedicado a su uso en los deberes señala que muchos padres aceptan que sus hijos recurran a ella para las tareas escolares. La familiaridad adquirida con estas herramientas puede contribuir a que algunos también piensen en ellas como interlocutoras cuando atraviesan una dificultad personal.

Una tendencia observada desde los primeros años de escuela

El recurso a la inteligencia artificial no concierne únicamente a los adolescentes. Los datos del barómetro muestran que esta práctica se da ya en la escuela primaria: niños víctimas de acoso, incluso entre los más pequeños, buscan soluciones en una herramienta conversacional.

Para los profesionales de la infancia, esta realidad invita a preguntarse cómo perciben los jóvenes a los adultos que tienen a su alrededor y que están disponibles para ayudarles. Si un niño prefiere empezar hablando con una máquina, eso no significa necesariamente que rechace a sus seres queridos. Sin embargo, puede revelar aprensión, la necesidad de mantener el control sobre lo que cuenta o el temor a que confiarse desencadene de inmediato decisiones que no puede controlar.

Al enterarse de que un niño sufre acoso, un padre puede querer actuar de inmediato: ponerse en contacto con el centro educativo, pedir explicaciones o denunciar los hechos. Esta reacción puede responder a un deseo de protegerlo, pero también puede parecerle difícil de prever al niño. En cambio, una conversación con una IA le da la impresión de poder avanzar paso a paso, sin desencadenar automáticamente una intervención externa.

Cuando la escucha digital corre el riesgo de convertirse en un callejón sin salida

Esta primera posibilidad de hablar puede ser valiosa, pero tiene un límite: la inteligencia artificial no sustituye una relación humana. Una herramienta puede ofrecer una respuesta alentadora, pero no necesariamente conoce todo el contexto, no puede evaluar con certeza la gravedad de la situación ni actuar de forma concreta para proteger al niño en la escuela o en internet.

Una psicóloga también advierte del riesgo de quedarse atrapado en una percepción negativa de uno mismo. Si el niño solo conversa con una herramienta y nunca contrasta sus preocupaciones con un adulto capaz de acompañarlo, puede quedarse solo con sus interpretaciones y emociones. En este sentido, este recurso puede volverse «limitante»: abre una puerta, pero no debería ser la única salida.

El barómetro indica que los niños que confían sus problemas a la IA hablan menos a menudo de su situación con sus padres. Este dato no basta, por sí solo, para establecer que la IA sea la causa de ese distanciamiento. Sin embargo, pone de relieve la importancia de un acompañamiento atento: los adultos deben poder escuchar lo que están viviendo los jóvenes sin restar importancia a lo que cuentan ni quitarles todo el control sobre lo que sucederá a continuación.

El papel que se espera de las herramientas de inteligencia artificial

La forma en que las IA responden a las confidencias se convierte, por tanto, en una cuestión central. Pueden ofrecer una primera escucha y animar a un joven a no culparse, pero también deberían reconocer las situaciones que requieren ayuda humana. Ahora bien, según los datos recogidos por el barómetro, la IA remite a una persona en una proporción reducida de los intercambios mencionados: alrededor del 4,5 % de los casos.

Remitir adecuadamente no consiste solo en interrumpir la conversación. Se trata de orientar al niño hacia un adulto de confianza, un profesional o un servicio capaz de intervenir, ayudándolo al mismo tiempo a dar ese paso. Cuando se trata de acoso reiterado, amenazas o un peligro inmediato, una respuesta automática no puede sustituir la evaluación y la intervención de una persona responsable.

Los debates sobre el papel de la IA van más allá del ámbito escolar o familiar. Las cuestiones de responsabilidad, control y funcionamiento de estos sistemas también se abordan en espacios públicos e institucionales, como muestra este artículo sobre la comparecencia de un antiguo investigador de Anthropic sobre inteligencia artificial. Para los jóvenes, estas cuestiones se traducen de forma muy concreta en la calidad de las respuestas que reciben cuando hablan de una situación de vulnerabilidad.

Acompañar sin cerrar la puerta a la confidencia

Los adultos pueden ayudar dejando primero que el niño cuente lo ocurrido a su ritmo. El objetivo es hacerle entender que será escuchado y apoyado, sin responsabilizarlo del acoso ni imponerle de entrada una decisión. Hacer preguntas abiertas, preguntarle qué le ayudaría a sentirse seguro y acordar juntos los próximos pasos puede facilitar que se reanude el diálogo.

También es útil hablar con los jóvenes sobre los límites de las respuestas generadas por la IA. Una herramienta conversacional puede equivocarse, dar un consejo inadecuado o no comprender la gravedad de una situación. Explicar que puede servir para poner en palabras un problema, pero que no puede proteger al niño ni sustituir a un profesional, permite reconocer su uso sin confundirlo con un verdadero acompañamiento.

La inteligencia artificial también se utiliza en ámbitos muy distintos, desde la creación artística hasta la búsqueda de información. En este artículo se presenta una experiencia que combina arte y tecnología: el trabajo del artista Ridha Rhib en torno a la creatividad y la IA. Esta diversidad de usos recuerda que las mismas herramientas pueden percibirse unas veces como instrumentos prácticos y otras como interlocutores, según las necesidades de quien las utiliza.

Para los niños víctimas de acoso, el reto es que esa primera confidencia digital pueda abrir un camino hacia un apoyo real, en lugar de sustituirlo. Las respuestas que ofrecen las herramientas, la presencia de adultos dispuestos a escuchar y la posibilidad de obtener ayuda adecuada contribuyen a que los jóvenes puedan salir del aislamiento. Las reflexiones más generales sobre el papel de la IA en las transformaciones futuras o sobre sus efectos en el mundo de la inversión también muestran hasta qué punto se multiplican sus usos, con retos específicos en cada contexto.

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