Ridha Rhib, artista en busca de sentido, ha emprendido un viaje de 3 000 kilómetros a pie desde París hasta Nauplia, en Grecia, como parte de su proyecto llamado Mnemosyne. A través de esta performance artística, mezcla inteligencia artificial, esfuerzo físico y encuentros significativos, transformando cada etapa en un descubrimiento tanto personal como colectivo.
Un recorrido único, un enfoque reflexivo
Ridha Rhib se ha impuesto un desafío audaz: recorrer la distancia que separa París de Grecia en cien días. Este desafío va más allá de una simple caminata; ilustra un enfoque reflexivo donde el camino recorrido se pone en espejo con las experiencias interiores del artista. Cada día, se compromete a una reflexión profunda,
midiendo, no la distancia en kilómetros, sino en latidos del corazón. Según él, caminar no se limita a un acto físico, sino que está impregnado de emociones y experiencias desafiantes.
La fusión creativa: cuerpo y tecnología
En su obra Mnemosyne, Rhib utiliza la IA como un herramienta de creación que lo asiste en la comprensión de los datos de su recorrido. Cada etapa de su marcha genera una « cardio-cartografía » que agrupa elementos visuales y textuales, revelando así otra dimensión de la experiencia. Gracias a este proceso, puede transformar la información relacionada con su pulso y su ruta GPS en una creación artística rica, que también agrupa datos geográficos y meteorológicos.
La inteligencia artificial: un aliado, no un sustituto
Rhib subraya la importancia de mantener al ser humano en el centro de su obra. La inteligencia artificial, aunque poderosa, nunca podrá sentir lo que realmente significa el esfuerzo o la prueba de un recorrido. « En la era de la inteligencia artificial, es el cuerpo el que permanece », afirma. Al utilizar esta herramienta, espera enriquecer nuestra percepción de la realidad mientras sigue consciente de los límites de esta tecnología.
Los encuentros, en el corazón de la experiencia
Para Ridha Rhib, la esencia de su caminata se basa en los encuentros humanos. Su ruta ha sido cuidadosamente trazada de antemano, contactando centros de arte, municipios y asociaciones que han facilitado su recorrido. Durante su paso por Melun, por ejemplo, pudo colaborar con el Museo de arte e historia local, testimoniando así el interés que su proyecto suscita en las diferentes estructuras.
La generosidad de las localidades
Cada etapa es también un pretexto para intercambios enriquecedores. En el municipio de Brie-Comte-Robert, tras un día de marcha agotador, Rhib recuerda un hermoso encuentro con un sacerdote que, al ofrecerle su ayuda, demostró una atención delicada que marcó al artista. Este tipo de conexión humana nutre el proyecto de Rhib, ilustrando así que caminar también es un medio para tejer lazos.
Una gratitud compartida
Cada lugar visitado se convierte en parte de su viaje, y el artista se asegura de expresar su gratitud enviando postales a las estructuras encontradas. Estas postales indican el número exacto de latidos del corazón necesarios para llegar a esos lugares, introduciendo una noción de « regalo a cambio de regalo » en sus interacciones. Es un gesto simbólico que refuerza los lazos tejidos durante este recorrido.
Despertar la memoria colectiva de la peregrinación
A través de este proyecto, Ridha Rhib no busca solo explorar paisajes, sino más bien despertar la memoria colectiva de la peregrinación. Al reanudar la figura del peregrino, recuerda que cada paso debe tener un sentido, el de los encuentros y las relaciones humanas que se establecen. « Se camina solo, pero no se camina únicamente para uno mismo », dice, subrayando la importancia de los intercambios y las conexiones que hacen rica esta aventura.
El artista nos invita así a reflexionar sobre nuestra propia relación con la marcha, con el encuentro y con la experiencia humana en general, al mismo tiempo que integra las innovaciones que la inteligencia artificial puede aportar. Más que un simple viaje, este proyecto es una invitación a redescubrir el mundo a través del otro.







