China aún no ha dicho su última palabra sobre las criptomonedas: el CEO de Solana afirma que Pekín sigue estudiando la tecnología

le pdg de solana affirme que pékin continue d’étudier la technologie crypto, malgré les restrictions chinoises sur les cryptomonnaies.

China no ha renunciado oficialmente a su línea restrictiva sobre las criptomonedas, pero sigue observando su evolución. Joseph Chee, director ejecutivo y presidente de Solana Company, considera que Pekín sigue de cerca los activos digitales y la cadena de bloques, aunque continúa preocupado por los riesgos para el público. Según él, Hong Kong sirve, entre otras cosas, como campo de observación para evaluar los posibles usos de estas tecnologías.

En una entrevista concedida a CNBC, Joseph Chee describió una situación más matizada que un simple rechazo de las criptomonedas. Según el directivo, los grupos de reflexión, los académicos y otros actores chinos conocen a fondo estas herramientas. Por tanto, la tecnología es objeto de un seguimiento atento, aunque las autoridades siguen expresando reservas sobre sus usos y consecuencias.

Antiguo responsable de las actividades de banca de inversión de UBS en Asia, Chee trabajó durante muchos años en los mercados chinos. Considera que a las autoridades les preocupa, en particular, el riesgo de que los particulares sean vulnerables a fraudes, pérdidas financieras o productos que no entienden bien. Sin embargo, esta cautela no significa que China pueda permitirse ignorar de forma permanente la evolución del sector.

Una vigilancia atenta, a pesar de las restricciones

La distinción entre criptomonedas y tecnología blockchain es esencial para entender la postura china. Las autoridades pueden limitar el intercambio de activos digitales y la emisión de monedas estables, al tiempo que examinan aplicaciones de registros distribuidos para empresas o administraciones. Este enfoque permite estudiar las herramientas sin tener que autorizar necesariamente su uso generalizado como instrumentos financieros.

La cadena de bloques se basa en mecanismos que permiten registrar y verificar operaciones compartidas entre varios participantes. Su rendimiento y sus características varían según las redes, como explica este análisis dedicado a la velocidad de las cadenas de bloques y su lugar en el universo de las criptomonedas. Para los responsables de la toma de decisiones, el reto consiste, entre otras cosas, en determinar qué usos pueden regularse, protegerse y adaptarse a las infraestructuras existentes.

Hong Kong, un espacio de observación para los activos digitales

Según Chee, Hong Kong desempeña un papel particular en el estudio de los modelos relacionados con las criptomonedas. La ciudad se ha convertido en un importante centro de activos digitales, que atrae a empresas, capital y conocimientos especializados. Su entorno permite a las autoridades chinas seguir la evolución de ciertos marcos regulatorios y comerciales, sin que ello equivalga a una apertura general del mercado continental.

Esta separación entre Hong Kong y el continente ofrece un marco limitado para la experimentación. Los actores pueden desarrollar allí actividades relacionadas con los activos digitales en un entorno específico, mientras que las restricciones siguen vigentes en China continental. De este modo, Pekín puede observar las prácticas, los riesgos operativos y las reacciones de los mercados antes de plantearse posibles cambios en su propio enfoque.

El contexto económico general también es importante. Las decisiones tecnológicas de China se enmarcan en una estrategia relacionada con el comercio internacional, las infraestructuras y la competitividad. La evolución del comercio exterior chino ilustra la importancia que tiene para el país dominar las herramientas que pueden respaldar las actividades comerciales y financieras, sin abrir por ello el sector de las criptomonedas sin control.

Educar antes de ampliar los usos

Para Joseph Chee, la educación constituye un paso importante antes de cualquier despliegue más amplio. Las personas encargadas de supervisar o utilizar estas tecnologías deben comprender cómo funcionan, cuáles son sus límites y qué riesgos conllevan. Esta formación concierne tanto a las administraciones y las empresas como a los usuarios que podrían interactuar con servicios digitales.

La cuestión no se limita a saber cómo comprar o guardar un activo. También abarca la seguridad de los monederos, la verificación de las transacciones, la protección de los datos y la comprensión de los sistemas automatizados. Las herramientas digitales pueden facilitar ciertas operaciones, pero una interpretación errónea de sus funciones puede exponer a los usuarios a errores o manipulaciones. Los debates sobre los efectos de la inteligencia artificial en el trabajo, como el que se aborda en este artículo sobre el impacto de la IA en las carreras profesionales, muestran hasta qué punto el acompañamiento y el conocimiento de las tecnologías son importantes para su adopción.

La rápida circulación de la información añade otra dificultad. En las redes sociales, los contenidos automatizados o elaborados con ayuda de herramientas digitales pueden influir en la percepción de una tecnología y de sus promesas. Este desafío se aborda a través del fenómeno de la inteligencia artificial utilizada como influencer. En el ámbito de las criptomonedas, la información engañosa o las promesas de rentabilidad también pueden dificultar la protección de los particulares.

Las prohibiciones siguen vigentes en China continental

El interés por la cadena de bloques no significa que las autoridades chinas hayan levantado las restricciones impuestas a las criptomonedas. Entre 2013 y 2021, Pekín fue reforzando progresivamente las medidas que regulan el sector. En septiembre de 2021, el banco central chino declaró ilegales las actividades de transacción relacionadas con los activos digitales. Tampoco se permite a los proveedores establecidos en el extranjero ofrecer estos servicios a los ciudadanos chinos.

El banco central reafirmó la aplicación de esta legislación al año siguiente. Sus preocupaciones se referían, en particular, a las monedas estables respaldadas por el dólar, que pueden facilitar transferencias de valor al margen de los circuitos financieros tradicionales. A las autoridades les preocupan especialmente los riesgos relacionados con la especulación, el blanqueo de capitales y los movimientos de capitales, que les resultaría más difícil controlar.

Al mismo tiempo, China da prioridad al desarrollo del yuan digital, su moneda digital de banco central. A diferencia de una criptomoneda descentralizada, una moneda digital pública depende directamente del Estado y forma parte del sistema monetario nacional. Esta opción permite a Pekín explorar los pagos digitales y, al mismo tiempo, mantener el control institucional sobre la emisión y circulación de la moneda.

Un enfoque selectivo en lugar de una apertura inmediata

Las declaraciones de Chee apuntan a una posible estrategia selectiva: mantener barreras en torno al comercio de criptomonedas y, a la vez, evaluar aplicaciones de la cadena de bloques en operaciones comerciales o administrativas. Esta orientación no supondría legalizar los activos digitales. Más bien reflejaría la voluntad de distinguir las infraestructuras tecnológicas de los mercados especulativos que se han desarrollado en torno a ciertos tokens.

Esta cautela se inscribe en un contexto internacional en el que los gobiernos buscan formas de regular los activos digitales, repatriar capitales o reforzar su control normativo. En Kazajistán, por ejemplo, se presentó una iniciativa de amnistía como un medio para repatriar activos digitales mantenidos en el extranjero, una medida que se describe en este artículo sobre la amnistía cripto lanzada por Kazajistán. Las respuestas varían según las prioridades nacionales, pero dan cuenta del creciente interés de los Estados por la trazabilidad y la gestión de los flujos digitales.

Por tanto, para China la cuestión no es tanto si puede ignorar la cadena de bloques, sino en qué condiciones podría utilizarla. La regulación de las plataformas, la protección de los particulares, la estabilidad financiera y el control de los pagos deberían seguir ocupando un lugar central en cualquier reflexión. Hong Kong ofrece un observatorio diferenciado, mientras que el yuan digital sigue una trayectoria bajo la autoridad de las instituciones chinas.

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