¿Las redes sociales: actores clave de las elecciones europeas de 2024? En un panorama político en constante evolución, la creciente influencia de las redes sociales suscita numerosas interrogantes sobre su potencial impacto en los resultados de las próximas elecciones europeas. Análisis de los desafíos y las posibilidades que ofrecen estas plataformas digitales en el corazón de la campaña electoral que se avecina.
Impacto limitado en los comportamientos electorales
El fenómeno de la comunicación política en las redes sociales ya no es una novedad. Jordan Bardella compartiendo una copa de vino en TikTok, Gabriel Attal posando con su perro en BeReal, o incluso Emmanuel Macron y Lula recreando una escena de La La Land en Instagram, estas imágenes tienen como objetivo atraer y seducir a los votantes. Sin embargo, un análisis realizado por el Centro de investigación de Sciences Po, en colaboración con el instituto OpinonWay para el Cevipof, revela que esta táctica podría no tener el efecto esperado.
Según esta encuesta realizada a 8.679 personas en cuatro países europeos, ni el comportamiento electoral ni los niveles de confianza en las démocracias o las instituciones se modifican fundamentalmente por un uso intensivo de las redes sociales.
La relación entre el uso de redes sociales y la confianza política
En Francia, el estudio muestra que el 74 % de los usuarios ocasionales de redes sociales confían en la policía, frente al 65 % de los usuarios intensivos. Contrario a algunas creencias, las redes sociales no son simplemente herramientas de contestación. Luc Rouban, autor de la encuesta, señala que «la confianza en la política aumenta a medida que se utilizan más las redes sociales». Por lo tanto, el uso de las redes sociales no parece ser un factor determinante para erosionar la confianza en las instituciones.
Proximidad con los extremos y tasa de participación
La encuesta destaca que los usuarios intensivos de las redes sociales tienden a estar más cerca de los extremos políticos. Por ejemplo, el 19 % de estos usuarios expresan una proximidad con el Rassemblement national (RN) frente al 14 % de los usuarios ocasionales. Para La France insoumise (LFI), estas proporciones son respectivamente del 14 % y 3 %. En Alemania, los usuarios intensivos también muestran una afinidad más fuerte con el AfD.
No obstante, la intensidad de uso de las redes sociales no modifica necesariamente las intenciones de voto a favor de partidos radicales, sino que tiende a favorecer el abstencionismo. De hecho, el 36 % de los usuarios intensivos se abstienen de votar, en comparación con solo el 22 % entre quienes utilizan las redes de manera ocasional.
Las especificidades de cada red social
Cada red social presenta una sociología específica que influye en las reacciones políticas de sus miembros. Los usuarios de X (ex-Twitter) y de LinkedIn, por ejemplo, muestran un interés aumentado y una mayor confianza en la política. Estas plataformas también cuentan con una proporción elevada de graduados universitarios (56 % en X, 67 % en LinkedIn) y de personas «declasificadas» (44 % y 60 % respectivamente).
Es importante señalar que el uso exclusivo de una sola red social es raro, lo que complica la atribución de un efecto político particular a una red. La encuesta precisa que es improbable ver una construcción de la identidad política que se realice únicamente a través de una red social.
Los jóvenes y el futuro de las estrategias de comunicación política
Una pregunta interesante queda por estudiar: el impacto de las redes sociales en los menores de 18 años, un grupo de edad muy activo en línea pero aún no elegible para votar. La influencia de las estrategias de comunicación de los políticos sobre esta joven generación podría resultar crucial para las futuras elecciones. Estos jóvenes, cuando alcancen la edad de votar, podrían representar un cambio decisivo en términos de movilización electoral a través de las redes sociales.
En conclusión, aunque las redes sociales se han convertido en herramientas imprescindibles para la comunicación política, su impacto en los comportamientos electorales y la confianza en las instituciones sigue siendo limitado. Las próximas elecciones europeas de 2024 serán un terreno de observación ideal para determinar si esta tendencia se confirma.







