Corea del Norte ha reaccionado recientemente de manera virulenta a las acusaciones de ciberdelito en su contra, calificándolas de « calumnia absurda ». Esta declaración emitida por un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores se produce en un momento en que los investigadores señalan una creciente conexión entre importantes hackeos en las finanzas descentralizadas (DeFi) y actores considerados como respaldados por la República Popular Democrática de Corea (RPDC).
Rechazo de las acusaciones
En una declaración a la agencia oficial Korean Central News Agency (KCNA), el portavoz expresó una profunda indignación ante lo que considera un malentendido difundido por gobiernos, medios de comunicación y diversas organizaciones. Según él, estas entidades buscan distorsionar la imagen de Corea del Norte al evocar una supuesta «amenaza cibernética» que sería infundada.
Las afirmaciones de Washington consideradas irrazonables
El representante norcoreano también señaló al gobierno estadounidense, acusando a Estados Unidos de presentarse como víctimas mientras controlan la infraestructura informática mundial. Esta constatación plantea numerosas preguntas sobre la veracidad de las acusaciones contra la RPDC y pone de relieve una supuesta hipocresía por parte de Washington. « ¿Por qué los Estados Unidos, que se jactan de ser la mayor potencia cibernética, se presentan como los mayores objetivos? », se preguntó.
Los ciberataques y su atribución
Sin embargo, investigaciones recientes destacan estadísticas que revelan un volumen significativo de actividades atribuídas a grupos relacionados con Corea del Norte. Según un informe de TRM Labs, estos actores serían responsables de aproximadamente el 76 % de las pérdidas vinculadas a los hackeos de criptomonedas registradas durante ese año. Estos datos plantean preguntas sobre la distribución de responsabilidades en el marco de los ciberataques globales.
Una defensa del ciberespacio
En la continuidad de esta defensa, el Ministerio de Relaciones Exteriores norcoreano también precisó que la protección del ciberespacio es una prioridad política constante para Corea del Norte. El portavoz afirmó que el país no toleraría actos hostiles en su contra y que se tomarán todas las acciones necesarias para defender los intereses del Estado, así como los derechos y los intereses de sus ciudadanos.
Una atmósfera de inquietud internacional
Las tensiones entre Corea del Norte y Estados Unidos en torno a cuestiones de ciberseguridad continúan alimentando un clima de desconfianza e inquietud en la comunidad internacional. Actores externos a esta disputa, como el Parquet de París, también intentan tomar medidas para garantizar la seguridad digital, como lo demuestra su reciente registro en X.
Vigilancia y desconfianza incrementada
A medida que Corea del Norte continúa rechazando estas acusaciones, otras situaciones en todo el mundo refuerzan la vigilancia de las naciones frente a amenazas potenciales. Por ejemplo, el ministerio del Interior en Francia ha incrementado la vigilancia de las redes sociales, como se puede ver con Gab, sospechoso de ser utilizado con fines extremistas.
Operativos policiales específicos
Además, operaciones realizadas en los Emiratos Árabes Unidos destinadas a erradicar la propagación de información sensible demuestran cuán en serio se toma la cuestión de la ciberdelincuencia en muchos países. Por ejemplo, las 45 detenciones recientes dan testimonio de un esfuerzo concertado para hacer frente a esta creciente amenaza.
Violaciones a la seguridad digital
Los diferentes incidentes durante los últimos años, como el mercado negro de prompts para liberar inteligencias artificiales, también suscitan temores sobre las intenciones y capacidades de los actores maliciosos. En este contexto, las acusaciones contra Corea del Norte deben ser examinadas a la luz de las acciones y los datos que emergen en la escena internacional.
La cuestión de las fraudes en línea
Para concluir sobre un caso específico, el asunto de los dos hermanos que lograron desvalijar la blockchain Ethereum en un tiempo récord destaca los desafíos a los que se enfrenta el sistema actual y obliga a los gobiernos a redoblar esfuerzos para asegurar sus infraestructuras digitales.







