A los 60 años, Toru Utsumi se ha convertido en una figura inesperada de las redes sociales. Este consultor japonés de gestión publica vídeos cortos en los que baila por las calles de Tokio, a menudo vestido de traje y con expresión impasible. Sus singulares coreografías, vistas millones de veces, también cuentan el placer de descubrir una nueva actividad y de tomarse un descanso en una exigente rutina profesional.
A los 60 años, este consultor japonés de gestión causa sensación en las redes sociales
En una calle de Tokio, un hombre vestido de traje deja su maletín, coloca su teléfono y se pone a bailar. Mantiene una expresión seria mientras sus movimientos, a veces vacilantes y otras sorprendentemente acrobáticos, contrastan con su aspecto de ejecutivo que se toma un descanso entre dos citas. En apenas unos segundos, la escena desconcierta a los transeúntes y cautiva a los internautas.
Estos vídeos cortos se difunden en plataformas como TikTok e Instagram. Atraen a cientos de miles de seguidores y acumulan millones de visualizaciones en todo el mundo. Muchos espectadores han apodado a su protagonista el «salaryman», en referencia al empleado de oficina japonés. Sin embargo, detrás de este personaje que parece surgir en medio de la ciudad hay un hombre de carne y hueso: Toru Utsumi, un consultor de gestión de 60 años.
Un empleado de oficina que se inicia en la danza
Una nueva actividad que empezó en la edad adulta
En su vida profesional, Toru Utsumi ejerce un oficio serio y estructurado. La danza, en cambio, ocupa un lugar distinto: empezó a tomar clases hace unos años, después de haber disfrutado durante mucho tiempo de los movimientos de Mick Jagger y de salir a bailar a discotecas cuando era joven. Su antiguo gusto por la música y el movimiento acabó convirtiéndose en una actividad concreta.
Publicar sus primeros vídeos le permitía obligarse a practicar con regularidad. La cámara se convirtió así en una especie de cita consigo mismo: para progresar, tenía que repetir, probar nuevos movimientos y aceptar verse bailar. Al principio, esta iniciativa no se planteó como el comienzo de una carrera en las redes sociales, sino más bien como una forma de mantener el rumbo en su aprendizaje.
Unos comienzos marcados por las críticas
Las primeras reacciones no fueron todas favorables. Algunos internautas consideraban vergonzosos sus vídeos o se preguntaban qué hacía un hombre de su edad bailando ante una cámara. En ocasiones, esos comentarios lo llevaron a cuestionarse su propia iniciativa. A pesar de las críticas negativas, siguió publicando y entrenando.
Poco a poco, su personaje trascendió el círculo de espectadores japoneses. Su contraste visual —un traje convencional, el rostro inexpresivo y unos movimientos inesperados— hizo que sus clips fueran inmediatamente reconocibles. Los vídeos circularon por todo el mundo y despertaron el interés de medios de actualidad, mucho más allá de las comunidades dedicadas a la danza.
Coreografías imprevisibles en el corazón de Tokio
Una danza guiada por el instinto
Es difícil encasillar las actuaciones de Toru Utsumi en un único estilo. La música cambia, a veces según las peticiones de los internautas, y sus movimientos varían de un vídeo a otro. Puede limitarse a balancear los brazos y deslizar los zapatos de vestir, o intentar una figura más espectacular, como una rueda o un espagat.
El entorno también contribuye a lo extrañas que resultan las escenas. Toru baila frente a edificios, en una habitación de hotel, en la playa o en la calle. Puede grabarse a plena luz del día o después del anochecer, con buen tiempo o bajo la lluvia. A su alrededor, los transeúntes suelen seguir su camino, mientras el hombre de traje parece estar completamente concentrado en su coreografía.
Este contraste es uno de los elementos que dan atractivo a sus vídeos. La postura reservada del consultor contrasta con la energía de sus movimientos y la elección de temas animados, entre los que hay música popular internacional. Su aparente calma refuerza el efecto cómico, pero sus actuaciones también dan cuenta de una práctica regular y de su voluntad de progresar.
La danza como pausa frente al ritmo del trabajo
En Japón, las largas jornadas y la presión laboral alimentan una gran preocupación por el exceso de trabajo. En este contexto, los vídeos de Toru Utsumi suelen interpretarse como la imagen de una escapada personal: unos minutos dedicados a una actividad ajena a las exigencias de la oficina.
Para él, bailar contribuye a su bienestar físico y mental. Esta práctica le ofrece otra forma de desconectar después del trabajo, distinta de las salidas con compañeros y de las veladas que pueden alargarse. La calle se convierte entonces en un espacio donde puede practicar, solo frente a su teléfono, sin esperar a alcanzar un nivel profesional.
Su objetivo no es ofrecer una actuación perfecta. Los movimientos pueden ser torpes o desacompasados, y esa libertad forma parte de lo que atrae al público. Al seguir publicando vídeos pese a las críticas, demuestra que se puede empezar una nueva actividad en la edad adulta, sin tener que justificar las ganas de hacerlo con un éxito inmediato.
Un mensaje sobre las ganas de empezar
Toru Utsumi presenta su práctica como una invitación a probar una actividad que uno ha ido posponiendo durante mucho tiempo. Su trayectoria pone de relieve que es posible lanzarse sin ser joven, sin dominar ya los movimientos y sin saber hasta dónde llevará la experiencia. A los 60 años, sigue aprendiendo en público, en lugares corrientes y con los medios de cada día.
Esta idea añade otra dimensión a sus vídeos. Divierten por su contraste, intrigan por la seriedad de quien los interpreta y ofrecen una representación poco habitual de la edad y el trabajo. El consultor no renuncia a su aspecto profesional: lo conserva incluso cuando se pone a bailar, y convierte esa vestimenta familiar en una parte integral de su personaje.
En las redes sociales, su rostro inexpresivo y sus pasos improvisados conforman una imagen distintiva. Toru Utsumi elige la música, adapta sus movimientos y graba sus coreografías según le apetece. Su presencia en línea se basa menos en una demostración técnica que en esa libertad para bailar a su manera, sin esperar al momento perfecto.







